Antecedentes Históricos

Un recorrido que marca un giro en la mirada hacia la infancia

La Asociación Pikler Perú comienza a dar sus primeros pasos hacia un horizonte amplio, lleva sin embargo muy atenta la historia que la constituye y que le da identidad. Identidad que se construye a partir de un diálogo y reflexión permanente entre los invaluables aportes del Instituto Pikler de Budapest y la historia que a partir de nuestra llegada al Perú vamos afianzando.

Estamos caminando los primeros años del siglo 21, con recorridos, con tiempos y vivencias que van dando forma a una historia que comienza a inicios del siglo 19, inicios de una época de grandes avances industriales y de construcciones tecnológicas, pero también de guerras y destrucción. Época de cambios educativos, políticos, sociales, económicos, etc.

En el año 1902 en Viena, ciudad austriaca situada a orillas del Danubio, un 9 de enero nace Emilie Madleine Reich, más conocida por su nombre de casada como Emmi Pikler, su madre, Hermine Frankenstein austríaca de profesión maestra y su padre, Heinrich Reich, húngaro, de profesión ebanista. Su infancia la vivió en Budapest y luego con los años regresa a Viena, en los años veinte, para realizar sus estudios de medicina. Contrae matrimonio con György Pikler. Tuvo tres hijos, Anna, József y János.

Viena se había constituido en la capital de la Republica Austriaca luego del desmembramiento del imperio austrohúngaro, en esa época en Viena existían importante corrientes culturales progresistas como el Psicoanálisis (Sigmund Freud) la Escuela Nueva, Escuela Activa (Freinet, Montessori…) flotaban en el aire ideas de retorno a la naturaleza, mientras que el arte y círculos de intelectuales importantes influenciaban a Europa.

La Dra. Pikler se especializa en pediatría y realiza sus prácticas en el Hospital Universitario de la misma ciudad, bajo la dirección del Dr. Pirquet.

Judit Falk[1] relata que Emmi Pikler, “Consideraba al Dr. Pirquet y al Dr. Salzer como sus grandes maestros, fue allí donde hizo suya la concepción de la fisiología de la prevención que determinó toda su actividad posterior. Investigar en fisiología para Emmi Pikler no se reducía a experimentos en laboratorios, sino más que todo a observar el funcionamiento del organismo vivo en su medio natural. De la misma manera, no consideraba la prevención como la utilización de métodos preventivos concretos relacionados con enfermedades determinadas, sino como los requisitos bien elaborados, la unión armoniosa de la condiciones de vida y el desarrollo sano”.

Fue en el Hospital Universitario, donde Emmi Pikler pudo ya, familiarizarse con bastantes de los principios que luego ella misma pondría en práctica en Budapest, a su regreso, como:

  • La manera de brindar los cuidados pediátricos de modo que fuesen lo menos desagradables posible para los lactantes, niñas y niños pequeños, tocándolos con gestos delicados, con dedicación, prestando atención al hecho de que se tenía entre manos a un niño vivo, sensible y receptivo.
  • También, el hecho de que los bebés enfermos, en función de la patología y de su estado, no eran obligados a pasar sus jornadas acostados en la cama, sino que se los ubicaba en rincones de juegos especialmente arreglados, inclusive para los más pequeños.
  • La vestimenta de los bebés difería de lo habitual: las piernas no estaban fajadas y los pañales eran ajustados para que pudiesen moverse libremente.
  • También lo que era una regla estricta en el hospital: la prohibición de dar, inclusive al bebé enfermo, una cucharada de más de lo que él aceptaba gustosamente.

Sus prácticas en el Hospital Universitario le dieron la oportunidad de adquirir una sólida formación en traumatología y ortopedia infantil, constatando en la sección de traumatología infantil del Hospital las  importantes diferencias en las estadísticas sobre accidentes infantiles: entre los niños y niñas de los barrios obreros (que jugaban y corrían en las calles, trepaban a los árboles y se aferraban de los travesaños de los tranvías) se producían muchas menos fracturas y conmociones que entre los niños y niñas de familias más acomodadas, criados en un clima de disciplina y de sobre protección.

 

Su labor como pediatra de familia

Finalizados sus estudios en Viena, se trasladó a Trieste, donde empezó a trabajar como pediatra de familia y donde conoció al que fue su marido, György Pikler, un pedagogo progresista en cuyas ideas también apoyó su experiencia profesional.

En Trieste pasaba mucho tiempo en la playa, observando el comportamiento de los niños y niñas y la relación con los adultos significativos. Vio el amor infinito con el que los padres sentaban, ponían de pie o conducían de la mano a sus hijos e hijas; pero también vio, detrás de ese trato cariñoso, el apresuramiento, la desconfianza, la falta de fe en las capacidades de iniciativa y acción de los propios  niños y niñas.

 

1932, regreso a Budapest.

Con el nacimiento de su primera hija, tuvo la oportunidad de poner en práctica sus concepciones relativas a no acelerar el desarrollo, respetar el ritmo natural, confiar en las iniciativas propias del niño y la niña facilitando el movimiento y su actividad autónoma.

En épocas de guerra, al ser de origen judío, padeció, como otros muchos judíos, las consecuencias de vivir bajo un gobierno que fomentaba el antisemitismo; incluso antes de la ocupación alemana. Así, por ejemplo, en 1938 se promulgan en Hungría una serie de leyes antijudías, que impedían, por ejemplo, a los médicos judíos trabajar en hospitales.

Influida por este clima o no, el hecho es que, hasta 1946, Emmi Pikler continúa trabajando en Budapest como pediatra de familia y lo hace de una manera poco habitual: trabaja con niños, niñas y con la familia cuando no hay enfermedad. Como pediatra, estaba convencida de que las condiciones y el entorno de vida de los niños influía en su salud física.

Emmi Pikler invitaba a las familias de cuyos bebés, niñas y niños se ocupaba, a intervenir mucho menos y a observar mucho más. Cada semana iba a las casas de las familias, observaba al bebé en presencia de su madre y hablaba con ella de los detalles, de las cosas de todos los días. Entre visita y visita, la mamá anotaba lo que iba advirtiendo de la evolución de su hijo o hija a lo largo de la semana.

Emmi Pikler pudo así, durante unos 10 años, verificar algunas de sus ideas, experimentarlas, enriquecerlas y elaborar un conjunto de principios coherentes, que jugarían un papel clave en su trabajo tras la finalización de la Segunda Guerra.

 

La Casa-Cuna de la calle Lóczy 

En 1946, el gobierno húngaro le solicitó que dirigiese una Casa-Cuna u orfanato de Budapest. Se trataba de un hogar para niños y niñas privados de sus padres y madres; no necesariamente niñas o niños huérfanos, sino cuyos padres no podían hacerse cargo de ellos. La guerra acababa de terminar y había que dar un hogar a muchos huérfanos; pero también a niños y niñas que, por ejemplo, había que proteger del contagio de sus padres tuberculosos.

 

Este hogar, esta Casa-Cuna está ubicada en el nº 3 de la calle Lóczy, que es la que le ha dado el nombre por el que se la conoce familiarmente: “Lóczy”.

En esta Casa-Cuna recibió a bebés y trató de organizar los cuidados y toda la vida de la institución de tal modo que estos pudieran tener un desarrollo lo más parecido posible al de los niños y niñas que había observado creciendo armoniosamente en el seno de sus familias.

Su objetivo era ofrecer a los pequeños que ahí se criaban, una experiencia de vida que preservase su desarrollo y evitase las carencias dramáticas que pueden generarse en una Institución y en la ausencia de un lazo significativo con los padres.

Un ejemplo de sus convicciones y coherencia en el trato a los bebés nos lo relata una estrecha colaboradora, Emilie Madleine Reich:

“Las nurses estaban llenas de desconfianza. El trabajo no era demasiado pero no les venía a la cabeza hacer algo con atención y con cuidado. Ellas no se ocupan de los niños, sino que los cambian, los hacen comer lo más rápidamente posible con el menor movimiento posible, y, si pueden, se lo encargan a las amas de leche o al personal de servicio. Según ellas, la tarea de las nurses está constituida por el `tratamiento´ de la ropa, porque había que `tratarla´, distribuirla, retomarla, contar todo el tiempo las cantidades de ropa y tomar nota. Así ellas no tienen tiempo para los chicos”.[2]

Esto no pudo durar mucho tiempo porque Emmi Pikler y Maria Reinitz no aceptaron este trabajo que continuaba las malas tradiciones: al tercer mes las echaron a todas. En lugar de nurses cualificadas buscaron jóvenes sin formación profesional, mayormente de zonas rurales, que no tenían demasiados estudios escolares, pero que se interesaban en la educación de los niños. Emmi Pikler y Maria Reinitz, ellas mismas, les enseñaron la manera de cuidar a los pequeños.

La primera preocupación de Emmi Pikler, y de quienes con ella trabajaban en la Casa-Cuna de la calle Lóczy, fue, de manera absoluta, el bienestar físico, afectivo y psíquico de cada bebé y la búsqueda de las condiciones óptimas para el mejor desarrollo posible de cada uno de ellos.

Pero Lóczy – además de procurar a los niños y niñas que allí vivían, una experiencia de vida que preservase su desarrollo – se convirtió, también, en un ámbito de investigaciones fundamentadas en numerosas observaciones, minuciosas, relacionadas a los diferentes aspectos del desarrollo del bebé.

Fruto de esta doble labor de buen trato y cuidado en la crianza por una parte, y de investigación aplicada, por otra, en 1961 Lóczy se convirtió en un Hogar Infantil de Metodología Aplicada y, más tarde en el Instituto de Metodología, Puericultura y Educación del país.

En 1970, el Instituto Lóczy se convirtió en el Instituto Nacional de Metodología de los Hogares Infantiles. Entre sus tareas, estaba la de ofrecer un sostén profesional y metodológico a las otras casas-cuna de Hungría.

En la actualidad, se llama Instituto Emmi Pikler y es una Fundación que soporta buena parte de su supervivencia económica en donaciones internacionales provenientes de muchas partes del mundo y además realiza formaciones de pedagogía Pikler.

A partir del 2007, Lóczy puso en marcha una Escuela Infantil 0-3 años, y en abril de 2011, en un momento en el que la solución de “familias de acogida” sustituye al orfanato, se cierra la Casa-Cuna y continúa la labor la Escuela Infantil Pikler Lóczy que ofrece un sistema pedagógico de extraordinaria calidad educativa para los niños y niñas que viven por la zona y que constituye además un referente insoslayable para quienes se interesan por el acompañamiento educativo de la primera infancia.